Tres Tios Gays Mamando y Follando a Tope
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video porno gratis gay,Tres tíos mamando y follando a tope,Este vídeo comienza de manera inocente, con tres tíos reposando tranquilamente en ropa interior e increíblemente se convierte en una orgía gay! Nunca me imaginé que eso iba a ocurrir XP Estos tres tíos comenzaron a ponerse cachondos y en un instante, ya estaban mamándose la polla y follando salvajemente.tv porno gratis
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admin Relato Erótico Gay: Mi primera vez:
Hola a todos. Este relato trata sobre mi primera experiencia "homosexual"...o por lo menos lo mas parecido a ello que he podido experimentar hasta ahora, ya que la auténtica categoría del relato es la de autosatisfacción... sólo me queda pedirles un pequeño favorcillo de nada, pido sinceridad en sus posibles comentarios, obviamente...pero (ejem)...con delicadeza ¡¡por favor!! Es mi primer relato y no quiero hundirme antes de empezar a escribir más, jeje. En fin, sólo espero que les sea de agrado y...¡¡gracias por leerme!!
Sucedió a mediados de Septiembre en Motril. Era una hermosa tarde de verano, en la que la luz ensangrentada del sol comenzaba a desfallecer tras las oscuras y ancianas montañas de la costa granadina. Ya por estas fechas el mar nos regalaba su húmedo y salino aliento, el cual refrescaba estas últimas y calurosas noches del verano.
Me encontraba yo con mi hermana mayor en casa de mi abuela, situada en uno de los barrios más tranquilos de Motril. Desde allí se podía ver gran parte de la ciudad, ya que era una zona situada muy por encima del resto de barrios en las afueras, casi en pleno monte.
Estaban preparando la cena mi hermana y mi abuela en el piso de arriba de la casa, en el que además de tener un comedor, aseo , cocina y un cuarto de desahogo, tenía una amplia terraza en la que muchas veces mi familia se reunía a comer los domingos. Yo me encontraba en el piso de abajo de la casa, duchándome. Casi siempre era uno de los momentos más placenteros del día, ya que era mi pequeño escape del mundo ... además de ser un rato de completa libertad para hacerme unos buenos magreos a mi vergajo ayudado por el gel de baño durante un buen rato hasta correrme de gusto. Durante esos meses de verano mi hermana acaparaba todo el rato el internet con su portátil y apenas tenía un rato libre para darme un gusto al cuerpo viendo porno... por eso esto era casi como un ritual en la ducha necesario para subsistir, y la verdad es que me sentía de puta madre siempre que terminaba y veía como mi semen salía de mis cojones y se iba por el desagüe...Pero en ese día , por suerte o por desgracia para mí, no consiguió aplacar mis más bajos instintos de ‘postadolescente’ salido. Me quedé con ganas de más...UFF... muuucho más, ya que llevaba unos cuantos días algo irritable -por definirlo de una forma más o menos fina- y porque las pajas no me satisfacían por completo... no sabía que coño hacer.
La desgracia del soltero, como decían algunos de mi antigua clase del instituto. A mí se tenía que añadir que, aunque tenía dieciocho tacos e iba ya a ir ése año próximo a la facultad todavía era virgen... y estaba que me subía por las paredes por follar con alguien, joder. Había tenido alguna ocasión, pero la verdad es que había muy pocas tías que me pusieran cachondo, ya que me parecían todas iguales: infantiles, superficiales, flacas y sin formas, todo lo que a mis salidos compañeros les daba igual con tal de mojar el nabo en un chochito. A mí eso no me va. Si la tía no tiene un algo especial, no me pone absolutamente nada. Era (y soy) algo... rarito con mis gustos por las mujeres.
Salí de la ducha con la poya en mano ya morcillona tras esa... ‘paja’ , y no paraba de pensar en como calmar aquel hervor sexual que tenía en mí, y que sentía que nada sería capaz de satisfacer, y mucho menos una simple paja. Entonces se me vino a la mente un artículo sobre sexo que leí en internet sobre el punto G y todas esas cosas... y recordé que el nuestro se encontraba en el ano, más concretamente en la próstata. No se qué lo provocó, si aquel instinto que aún estaba semidormido en mí o el morbo de lo prohibido... pero mi poya volvió de repente a la vida tornándose mucho mas dura y rojiza que en mi paja de hace escasos segundos. Estaba enfrente del espejo con la toalla en mi cintura, con mi glande asomándose por en medio pidiéndome a gritos algo más contundente. Me la quité, me metí en la ducha y volví a abrir el agua. Cogí el gel de baño y me empecé a lubricar el dedo con él. Me lo acerque a mi esfínter y con la puntita de mi dedo corazón me lo toqué. Mi respiración se agitó y unos temblores se adueñaron de mi cuerpo. Hubo un momento en el que me sentí ridículo, pero la verdad es que más patético era la cara de gilipoyas cachondo que tenía por no intentar nuevas formas de autosatisfacerme mejor. No perdía nada con intentarlo. Y sin pensármelo dos veces, comencé a metérmelo lentamente. Fue una sensación horrible sentir como se abrían mis entrañas "a contracorriente". Me mordí del labio y desencajé la cara; casi no pude ahogar ese grito de dolor. Retumbó todo el baño, y mi abuela me oyó desde la planta de arriba.
-¡¡Niño!! ¿qué ha pasado? ¿¡te has caído de la bañera!?-me dijo desde la escalera.
-Emm...¡¡Nnn...no Lela!! no...estoo...eeehmmm, me he dado un golpe...en el pié con la puerta.
Tranquila.
-Aaah bueno, pero niño ten "cuidaíco" , que resbala mucho la bañera ¡¡y no gano pa’ sustos!!
-Vva... vale, vale, UGH, lo tendré.
Me quedé quieto un rato con el dedo en el culo hasta que escuché sus pasos alejándose. Entonces me mordí un hombro y me lo saqué. De esta forma pude ahogar aquel rugido que intentó salir de mi boca. Me apoyé en la pared para no caerme. Puse el culo algo en pompa y me lo metí de nuevo, no sin antes morderme el hombro levemente para ahogar un poco el grito. Fue casi igual de doloroso que la primera vez...aunque con un leve toque de placer...ummmm. Sentía como las piernas me flaqueaban y como jadeaba más fuertemente ¡¡qué morbo, Dioss!!.
Entonces mi hermana me llamó para ir a cenar (mierda) y mi necesaria sesión de "sexo" tendría que esperar un poco. Me entró una furia por dentro que me encendió aún más, pero no podía hacer otra cosa. Salí de la ducha, me sequé y me vestí tan pronto como mis aún temblorosas piernas me lo permitían. Llevaba puesto una camiseta blanca ancha y un bañadorcito que me estaba mas pequeño de lo normal debido a mi gran erección; me la coloqué hacia arriba con la cabeza pillada por entre la goma del bañador y tapado por la camiseta, a ver si así la ocultaba un poco.
La camiseta blanca permitía disimular mi no formado cuerpo. Aún tenía que ensanchar de hombros un poco y se tenía que formar más mi masa muscular, y aunque fui tres años al gimnasio como un poseso, aquel puto sedentarismo al que me vi obligado por sacarme el bachiller me había desmejorado un poco. Tenía un pelín de barriguita, pero no estaba tampoco gordo. Sólo me hacía falta hacer un poco de ejercicio para perder esos cuatro o cinco kilitos de más que me afeaban un poco el cuerpo... pero bueno, era o sacar el curso o estar cachas y no tener un futuro en mi vida.
La cena pasó sin muchas complicaciones. Recogimos la mesa y pusimos un rato la tele. Serían las 00:45 cuando decidí bajar a "acostarme"... aunque por desgracia tanto mi hermana como mi abuela decidieron bajar y seguir viendo la tele abajo. Joder. Si quería "dormir" a gusto, debía ser silencioso y muy cauto...
Por suerte mi habitación era la más alejada de la casa, y quedaba separada del salón-comedor en donde se ponían a ver la tele por un largo pasillo. Entré a mi habitación con un tarrito de crema hidratante que le había ‘mangado’ a mi abuela... sólo quería un pelín, pero estaba tan cachondo que no me paré mucho a pensar, así que se lo cogí entero.
Apagué la luz y abrí un poco la persiana para que entrara algo de aquella luz mortecina anaranjada proveniente de las farolas, aunque con la cortina corrida por si las moscas. Me quité la camiseta y me tumbé sobre mis suaves sábanas; estaba ya todo listo.
Entonces cerré los ojos y suspiré profundamente para relajar el cuerpo. Tenía la poya realmente a reventar del puro morbo. Me empecé a acariciar con la yema de los dedos el abdomen, subiendo hacia mis semidesarrollados pectorales y dándome un pellizquito en mis ya duros pezones. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y con él mi poyita dio un respingo; desde luego no es que me hicieran falta muchos preliminares aquella noche para ponerme cachondo, pero era como un ritual que me encantaba. Bajé lentamente mis lujuriosos dedos por debajo de mis calzoncillos y me los quité de un golpe. Unas gotitas de precum me salpicaron a la cara debido a que mi poya, la cual se convulsionaba pidiendo a gritos ser pajeada, salió como propulsada cuando me quité los gayunbos... pero aún debería esperar un poco hasta satisfacer mi morbosa curiosidad.
Alargué mi temblorosa mano a la mesita de noche en donde puse la cremita hidratante. Cogí bastante con mis dedos y me aparté. No sabía muy bien como ponerme para que la ‘penetración’ de mis dedos a mis prietas carnes fuera menos dolorosa, si a cuatro patas o tumbado y abierto de piernas. Opté tras varios intentos fallidos por hacerlo tumbado bocarriba, ya que a cuatro patas apenas entraría unos tres centímetros de dedo, y con eso no llegaría a encontrar lo que tanto ansiaba.
Me tumbé bocarriba y flexioné levemente mi pierna derecha y alcé mi pierna izquierda. Pasé mi antebrazo izquierdo por detrás de la rodilla izquierda y, haciendo un gran esfuerzo, me abrí casi completamente de piernas y el culo. Estuve unos segundos tomando aire profundamente para calmar mi ya jadeante respiración y como pude me embadurné el esfínter con la mano que me quedaba libre y en la que tenía la crema. Me estremeció tremendamente, ya que en el rato que estuve probando posturas cómodas se había enfriado la crema de mis dedos. Suspiré un momento y sin más dilación comencé a meterme un dedo.
-¡¡Diosssssssssssssaaaaaaaaagh!!
Rugí mientras mordía casi con desesperación la almohada. Había entrado los más doce centímetros de dedo y creía que me moría de dolor.
Estuve otro ratito con el dedo metido mientras jadeaba como un cerdo y me recuperaba. Lo saqué lentamente para no volver a rugir de esa forma. Suspiré aliviado.
Quizá no fuera aún muy placentero, pero si intensísimo y me había dejado casi sin fuerzas y con la poya morcillona.
Me lo volví a meter entero sin pensármelo dos veces y casi con mala hostia, y la verdad es que no rugí ni tan siquiera. Sólo estiré mi cuello y gemí con rudeza.
Comencé con un mete y saca muy lento mientras todo mi cuerpo temblaba y empezaba a empaparse en sudor. He de admitir que me estaba gustando esa mezcla entre escozor y dolor tan espeluznante.
Ya tenía el culo casi abierto y lubricado, listo para la exploración. Cogí como pude algo más de crema y me embadurné el dedo contiguo al que me metí. Me recoloqué un poco y me metí los dos dedos de golpe y con incluso más mala hostia que la primera vez. UHFF, Dioooosssss.
Volví a morder la almohada con furia, tirando de la tela que la recubría. Lo de antes no era nada comparado con el dolor punzante que me dio. Joder.
No sé cuanto tiempo dejé mis dedos dentro, pero me daba miedo sacarlos por el dolor. Intenté acomodarme un poco más en mi cama, pero lo único que conseguí fue que los dedos que tenía en mi culo se movieran en mi interior, provocando que absolutamente todo mi recto se abriera aún más y de forma muy dolorosa.
Desencajé toda la boca y apreté los ojos muy fuertemente, intentando ahogar aquel rebuzno que salió involuntariamente del estómago a medio camino del dolor y del placer. No se que es lo que parte de mi recto acaricié, pero hizo que mi poya se hinchara de golpe y que escupiera un borbotón de precum y se pusiera a convulsionar como una loca. Suspiré con deseo.
Entonces me saqué los dedos un poco y me los volví a meter salvajemente dibujando círculos y abriéndome las entrañas con mucha rudeza. Ahogué ese nuevo rebuzno apretando los dientes con desesperación, aunque conforme salía ese nuevo borbotón de precum se fue transformando en un gemidito agudo y algo cómico.
Y así comenzó un mete y saca salvaje y desenfrenado que me hizo estar en el límite entre del raciocinio y una lujuria demente durante unos hermosísimos minutos, durante los cuales absolutamente todas mis extremidades comenzaron a convulsionarse de forma desenfrenada y alocada y mi poya se hinchaba cada vez más de sangre y líquido preseminal. No sabía que hacer para aguantar esa espeluznante sensación, sólo podía gemir y mover locamente la cabeza de un lado a otro mientras embadurnaba mi almohada con mi saliva. Intensifiqué aquel ritmo del mete y saca con mis dedos haciendo aumentaran mis jadeos y rugidos y provocando que se me abriera aún más mi pobre culo. Me retorcía completamente y ya ni siquiera recordaba en donde estaba ni que mi abuela y mi hermana estaban a apenas unos diez metros del cuarto viendo inocentemente la tele. Todo me daba igual, incluso podía pensar en otros tíos sin sentirme como el culo, cosa que no podía hacer normalmente. Me imaginaba que estaba con un chulito hipermusculado que había en mi clase, y al cual yo odiaba supuestamente... pero incluso eso me daba igual. Estaba disfrutando como una perra en celo de aquello imaginándomelo encima de mí, disfrutando conmigo y violando mis tiernas entrañas a su antojo mientras me insultaba y me ridiculizaba al ver mi cara de gusto...UHFFF.
Tuve que pajearme con la mano izquierda para no volverme loco y para no parar de destrozarme tan deliciosamente el culo...hasta que tras unos segundos me embadurné todo el abdomen con mi pringosa y caliente lefa, corriéndome abundantemente.
Si me hubieran dicho antes que mis huevos pudieran formar tal cantidad de semen de una sola vez me hubiera reído en su cara, pero fue francamente... impactante.
Tras esa corrida me seguí magreando y estrujando mi poya hasta que se me puso morcillona entre mis pringosos dedos, mientras retozaba en mi cama, sonriendo y suspirando de puro gusto. No tuve tiempo de pensar mucho en lo que había despertado en mí aquella experiencia tan intensa, ya que me quedé dormido en pocos segundos.
A la mañana siguiente, me desperté con agujetas en todo el cuerpo. No recordaba bien el por que, pero al alzar mi mirada hacia mi cuerpo lo recordé. Estaba desnudo, lleno de lefa semilíquida, pastosa y fresquita, con la poya en la mano y con un dolorcito en el culo muy placentero.
Me levanté como pude, y me fui al baño para darme una ducha rápida.
Mientras sentía que el agua limpiaba mi abdomen no podía dejar de pensar en lo de la noche anterior, en lo que sentí, en lo que pensé mientras lo hacía...uhffff, se me puso hinchadísima de nuevo.
Me sentía como el puto culo por ello... y no sólo por el acto en sí, sino lo que eso repercutió en mí y en mi sexualidad. No podía echar a un lado, como otras muchas veces hacía, aquel pensamiento, aquel sentimiento que había en mí.
Por primera vez en mi vida no me engañé a mi mismo... y fue desde entonces cuando acepté una parte de lo que realmente soy... mi parte homosexual, la que había estado dormida desde hacía ya muchos años.
@ 2009-10-28 15:09:40
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